El mundo de las cesterías

Surgen los primeros poblados, como resultado de la agrupación de viviendas en una zona determinada. Las primitivas estructuras de hábitat se hacen permanentes, y se construyen de una forma más sólida, con mejores materiales y con mayor cuidado. Al mismo tiempo, surge la necesidad de almacenar y guardar diferentes elementos, como las herramientas, que ya no teníamos que llevar a todos lados con nosotros y, sobre todo, la necesidad de almacenar el alimento que producíamos, particularmente los cereales.

Y para cubrir gran parte de estas nuevas necesidades, comenzamos a entrelazar fibras vegetales: desarrollamos la cestería.
Es muy probable que antes de este período ya conociéramos los rudimentos de la cordelería, con el trenzado de tendones animales o fibras gruesas, y parece evidente que ya sabíamos entrelazar palos y ramas para hacer estructuras sencillas que usábamos como cabañas o paravientos, pero es en este momento cuando, con la abundancia creciente de subproductos de la cosecha, como la paja de cereal, y el aumento de tiempo libre que conlleva no tener que pasar todo el día buscando comida, aparecen los primeros ejemplos claros de objetos realizados mediante cestería.

No hay demasiados restos arqueológicos de éstos, ya que al ser de materias vegetales suelen descomponerse con facilidad. Los pocos ejemplos que tenemos provienen de ambientes muy secos y áridos, o bien anaeróbicos (sin oxígeno) que han favorecido su conservación. Hay noticias de restos de cestería hallados en El-Fayum (Egipto), de cerca de 7 milenios de antigüedad.

En la Península Ibérica contamos con los hallazgos de la Cueva de los Murciélagos en Albuñol, Provincia de Granada, donde se encontraron varios cestos de diferente tamaño, y tres sandalias, todos ellos de fibras de esparto, del V o VI milenio antes de Cristo. Otros restos antiguos corresponden a improntas dejadas por estos objetos de cestería en materiales blandos, como arcilla o yeso, y que hacen pensar que las primeras cerámicas que se fabricaron algunos siglos más tarde, utilizaban cestos a modo de plantilla o molde (como el expuesto en el Museo de Burgos).
Existen dos técnicas básicas para este arte:

El entrelazado sencillo, donde las fibras o cordeles se van alternando por encima y por debajo de las que están justo a su alrededor, creando así una superficie de “tejido” aplanado, y que suele ser bastante flexible, utilizada en la fabricación de capazos, esteras, elementos de atuendo y protección, etc.
El forrado, donde se utilizan varillas flexibles o listones de madera para formar un bastidor, que posteriormente son recubiertos y unidos entre sí con fibras o cordeles más finos y flexibles, creando objetos más rígidos y resistentes, que mantienen la forma. Con esta técnica se ha fabricado desde cestos a diferentes muebles, como sillas, arcones, sillones, camas…
A partir de estos dos modos de trabajar la cestería se han desarrollado variaciones y tradiciones a lo largo del tiempo y alrededor de todo el mundo, pero manteniendo la misma esencia de hace milenios. Los materiales utilizados varían según la región en que nos encontremos, siendo los más frecuentes la paja de cereales, el mimbre, el cáñamo, el esparto, las hojas de palmera, los juncos o las cañas, y combinándose con otros materiales como madera o hueso. De hecho, parece que estas técnicas inspiraron o se desarrollaron al mismo tiempo que las de la producción de tejidos en los telares, entrelazando fibras o hilos mucho más finos de la misma manera que en la cestería, a una escala menor.

Hoy en día, la cestería se ha mantenido viva en las comunidades más tradicionales como una parte fundamental de las diferentes culturas, mientras en las sociedades industrializadas permanece a duras penas, relegada prácticamente a un uso decorativo. Son pocos los artesanos que se ocupan de mantener este arte, esforzándose por enseñarlo a las nuevas generaciones, poco receptivas a este tipo de trabajos tradicionales. A pesar de todo, en La Llar Artesanos estamos convencidos que, gracias al empeño y dedicación de los cesteros y cesteras de todo el mundo, la supervivencia de estas manufacturas está asegurada, y nos seguirán acompañando durante muchos años más como una parte apreciada de nuestros ajuares domésticos.

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